miércoles, 4 de junio de 2008

Reflexiones


El sufrimiento de mis partes nobles debido a la dureza del papel higiénico durante mi estancia en Caracas, me ha hecho acordar esto que le escribí una vez a mi compadre Daslav y se lo dejé pinchado en el corcho de su cubículo.

12 comentarios:

Anaik Frita dijo...

Me acuerdo que te llevaste un "bidematic" a Chile
¿No viene en versión portable, para viajes y eventos especiales?

Anaik Frita dijo...

Otrosidigo:
¿Tenés un "temita" con los baños o me parece a mi?
Es el 3º post sobre baños.
Ya amerita una categoría aparte.

Christian dijo...

Pasa que Andrés, para inspirarse y escribir en este blog, saca las cosas muy de adentro, de su interior más profundo.
Y hay que reconocer que se inspira bastante ...

Christian dijo...

Este blog no debería tener censura a los comentarios, ya que cuando se publican están desactualizados.
De última, si no estás de acuerdo, se pueden eliminar una vez publicados

Christian dijo...

Anaik frita:
Porque no realizás tu propio blog?.
Tenés una inventiva e imaginación que lo ameritan.
Sino pedile a Tampax que creé "El Rincón de Anaik Frita"

Tampax Ultra dijo...

Tenés razón Christian, voy a ver si puedo sacar la censura, también porque no siempre puedo ver el mail, como ayer, que estuve todo el día en tránsito y me querían cobrar 10 dólares por usar internet wi fi.

Christian dijo...

Ahora que no va a haber censura en el blog, lo vamos a llenar de pavadas y de comentarios terroristas, así lo clausuran e investigan al peladito simpatico que aparece en la foto, jejeje

Tampax Ultra dijo...

Voy a tener que poner un cartelito que diga "Las opiniones vertidas como comentarios en este blog, son exclusiva responsabilidad de la estupidez de quien las emite y nada tienen que ver con el dueño."

Anaik Frita dijo...

Mi blog se llamará "República Separatista de San Vicente" :)

("El rincón de Anaik Frita suena a un blog de minita Utilisima, y disto mucho de serlo...)

Y si, sacá de una vez estas letritas de verificación: la de hoy dice "mfxstza" lo cual parece una marca de mostaza Rumana, no?

Christian dijo...

Aparte, seamos sinceros, ¿Cuanta gente quiere opinar en este blog?, que tiene más verificaciones que una cuenta del banco.
Hablando de República de San Vicente:
"Un carnaval que hizo historia"
En 1870 un joven católico de familia tradicional decidió hacer uso de unas tierras compradas en las proximidades de la Ciudad de Córdoba y se propuso fundar un pueblo. Agustín Garzón otorgó el nombre de San Vicente a este pequeño poblado de casas quintas dedicadas a la producción agrícola, en homenaje al santo de Paul.

El poblado fue creciendo, y en pocos años se convirtió en una villa de veraneo de las familias patricias y burguesas de Córdoba. Con el tiempo también llegaron los primeros rasgos de urbanización que, en alguna medida, fueron cambiando la estética de ocio y descanso veraniego por los tiempos y actividades domésticas. Urbanización insuficiente, de calzadas con huecos, puentes rotos, calles intransitables, problemas de higiene y malos olores provocaron, paradójicamente, que naciera nuestra historia. El contraste entre el goce y el trabajo obligado, el espacio de descanso y el único lugar donde descansar son hasta nuestros días características fundantes de uno de los barrios más históricos de Córdoba.
En la actualidad, San Vicente es uno más de los llamados barrios pueblos de la ciudad, pero con la particularidad de ser reconocido como “el” Carnaval de la ciudad. La barriada san vicentina y, especialmente, el relato de sus abuelos no puede dejar de pintar el peso de los festejos en la historia del barrio y la ciudad. De hecho, este mismo festejo perdura hasta nuestros días y es motivo de diversas disputas.

¿Por qué es tan importante el carnaval en la historia de este barrio?
En 1895 los comerciantes locales, preocupados por la poca afluencia del turismo, decidieron revitalizar esta villa de veraneo e instauraron el primer festejo del carnaval, lo que garantizaría la extensión del período estival hasta los días próximos a la cuaresma y a Semana Santa.
Quizás nadie imaginó que esta iniciativa cambiaría significativamente los destinos identitarios de ese pueblo. Tal fue el éxito logrado durante la semana carnestolenda, que se repitió año tras año logrando quebrar la hegemonía que tenían los carnavales céntricos en Córdoba. Todos los veranos San Vicente convocaba con ritmo y color a todos los vecinos de las localidades aledañas.

Llegaron los gobiernos democráticos y cada año fue mayor la afluencia de las masas al ya conocido barrio. El consejo municipal se encargaba tan sólo de debatir los montos de los premios a otorgar. A principios de los años veinte el Municipio tuvo una preocupación mayor por intervenir y evitar el desborde social. En este contexto, surgió la necesidad de control y disciplinamiento, dictándose reglamentaciones de carnaval que establecían los disfraces permitidos y prohibidos, los espacios físicos autorizados para el festejo y los elementos de uso libre, entre otras cosas.

Pero también llegaron los gobiernos militares y con ellos Ricardo Belisie, el intendente de la ciudad en 1932. Este último tuvo la feliz idea de no autorizar el corso del barrio más popular del ejido municipal. Su intención fue favorecer a los comerciantes céntricos. Los vecinos, lejos de obedecer la resolución oficial, reaccionaron conformando un frente de protesta unánime que terminó en un pueblada: la crónica testimonió que en la noche del domingo 7 de febrero de ese año, sin guirnaldas ni palcos, una multitud, desafiando la ordenanza municipal, desembocó entusiasta en la calle 58, entre las plazas Lavalle y Urquiza, para no quedarse sin el corso. Belisie, empecinado en defender su autoridad, ordenó cortar el alumbrado público en la calle San Jerónimo. De esta manera, sin saber que se había metido en “camisa de once varas” intentó impedir el corso. El ingenio popular produjo de inmediato la reacción. Se colocaron entonces lamparitas de luz sobre árboles, postes y letreros contrarrestándose la controvertida medida del mandamás de la ciudad. El funcionario, enterado de la firme decisión contestataria de los vecinos, no tuvo mejor idea que acudir a la fuerza pública para aplacar la rebelión popular. Según algunos informantes se enviaron camiones de bomberos a mojar y a correr a la gente fuera de la calle, con tanta mala suerte que las mangueras fueron trozadas con los filosos cuchillos de los carniceros de la ciudad.

Ángel García, vecino del barrio, transitaba esa noche en automóvil con su familia rumbo al corso prohibido. El agente de policía Doria se cruzó en el camino, sacó un arma reglamentaria y le apuntó al pecho. Luego de discusiones entre ambos, intervino el entonces el comisario Gordillo Peña y los llevó a los dos detenidos a la seccional quinta, mientras indignados unos 500 vecinos clamaban por la libertad de García.
Al decir de los vecinos, se convocó una multitud indignada con la intervención del intendente, y el aire fue testigo del grito de uno de ellos: “¡Viva la República de San Vicente!”, proclamó casi independentista al centralismo municipal autoritario que sintetizaba el sentir popular de un barrio que quería decidir sobre sus propios festejos. Nació así la “República de San Vicente” a la que dotaron improvisadamente de una bandera verde y roja, con telas que se encontraron al pasar. Con el tiempo se crearon órganos legislativos bicamerales, con sus propios vecinos, y se fue desarrollando esta mística que permitía en época de carnaval constituirse en una verdadera Republica.

El 7 de febrero al anochecer García fue liberado, pero la jornada terminó en un caos total. Al día siguiente, Belisie se retractó de su cometido y fue retirado el escuadrón de seguridad devolviéndose la luz al barrio. Quedó autorizada la realización del famoso corso de San Vicente y para la noche de cierre del carnaval, el jefe de la policía mandó a la banda de música a tocar en la plaza Urquiza como si nada hubiera pasado.
En aquellos tiempos, las comparsas desfilaban frente al palco desde una plaza a otra de San Vicente pasando por el viejo mercado. Familias enteras del barrio y de toda la ciudad inventaron un rito que hoy se recuerda con la fuerza misteriosa, el colorido y la emoción de antaño. Claro que no existían las bombitas de agua si no que la gente se divertía apretando el pomo con líquido perfumado, tirando papel picado y alfombrando con serpentina el piso, en noches inolvidables de disfraces con piropos sugestivos y entradores, y lluvia de flores por doquier.

Tal vez alguno estos hechos que pasaron y que se alojan en la memoria de los pobladores de este barrio pueda explicar por qué cuando uno pregunta por el carnaval en Córdoba automáticamente se mencione a San Vicente. Pero también nos sirve para pensar nuestros festejos de hoy, cuando muchos de quienes lo protagonizan poco saben de estos procesos de lucha de los barrios por festejar sin concesiones.

Hoy nos preguntamos cuáles habrán sido los avatares de la historia que hicieron que este encuentro sea, al mismo tiempo, añorado y reclamado por algunos vecinos y rechazado por otros. Lo cierto es que este rito está desterrado de su barrio de origen, es festejado en predios céntricos bajo el obsecuente sentido de inseguridad y sus características están mutando no al ritmo del redoblante si no por una cultura global, que difiere bastante de los rasgos identitarios de nuestros barrios.
Sólo resta seguir preguntándose por qué algunos relatos, de gran riqueza para pensar nuestros futuros y una verdadera republica de carnaval, están esperando.

Tampax Ultra dijo...

¿Y si mejor le ponen "Tribu separatista de San Vicente"?

Christian dijo...

Creo que lo de tribu es más apropiado, más por algunos barrios - villas que rodean y/o están en la "República".
Solo que a los "indios" en vez de darles espejitos, trafican y venden droga, electrodomésticos y lo que te imagines.